Se han cumplido 40 años de la declaración, el 14 de diciembre de 1983, de la Estación Central de La Habana como Monumento Nacional de Cuba por la UNESCO. El edificio, de estilo eclético, fue proyectado por el arquitecto estadounidense Kenneth McKenzie Murchison (1872-1938), tiene tres plantas y entresuelo y en su fachada principal hacia la calle Egido destacan dos torres de 38 m de altura cada una, que muestran los escudos de Cuba y La Habana y en su decoración se aprecian motivos del neoplateresco español.
Inaugurada el 30 de noviembre de 1912, sustituyó a la Estación Ferroviaria de Villanueva, que fue la primera que tuvo La Habana. El 20 de julio de 1910, el Congreso, viendo el creciente desarrollo urbano y poblacional de la capital cubana –unos 350.000 habitantes para entonces– y que la ubicación de la estación en los terrenos que ocupa en la actualidad el Capitolio entorpecía el tráfico en el Paseo del Prado, autorizó al presidente de la República, José Miguel Gómez, para que canjeara los terrenos particulares de Villanueva por los del Arsenal, que eran de titularidad pública, para la construcción de la nueva terminal de trenes.
Las crónicas de la época dicen que dicha transacción fue motivo de encendidos debates entre los políticos y la ciudadanía cubana, debido a que el valor tasado de los terrenos de El Arsenal superaba en casi un millón y medio de dólares a los terrenos de Villanueva. La pretendida transacción fue denunciada por el general Silverio Sánchez Figueras, representante cameral y rebatida por el diputado coronel Severo Monleón Guerra, que retó a duelo a su adversario y éste murió a consecuencia de los disparos recibidos.
La nueva Estación Central de La Habana inició su andadura como centro de operaciones de Ferrocarriles Unidos de Cuba y Havana Central Railroad. El edificio tiene unas líneas sobrias y estilizadas, con amplios ventanales y destaca por su amplitud y la sucesión de barandas y balcones interiores con extensas balaustradas, así como una plaza frente a la fachada principal, pavimentada de adoquines y cerrada por una verja perimetral combinada de muros y columnatas de granito y rejas de hierro rematadas por puntas de lanza, evocando la tradición colonial.
A ambos lados del soberbio edificio se conservan sendos trozos de la historia local: la Puerta de la Tenaza, que forma parte de la muralla de La Habana y la Puerta del Arsenal, que daba acceso a los antiguos astilleros de reconocida fama.
En la planta baja se encuentra una amplia sala de espera, a modo de patio central cubierto, cuyas columnas y pilastras están revestidas de mármol y predomina el sentido espacial y la entrada de la luz natural. El acceso a los pisos superiores, donde están las oficinas administrativas y otros departamentos, se hace a través de una escalera de mármol de Carrara. Las enormes puertas están talladas en maderas preciosas (caoba y cedro) y las ventanas rematadas con cristaleras artísticas.
Deteriorada por el paso del tiempo y la falta de un mantenimiento adecuado, en junio de 2017 comenzaron los trabajos de restauración, con un presupuesto de 1,2 millones de dólares y se pretendía que estuviera inaugurada en diciembre de 2022, aunque los trabajos se retrasaron a consecuencia de la pandemia sanitaria y financiera del coronavirus.
Una de las características del complejo ferroviario habanero son sus elevados en hierro forjado a lo largo de la ensenada de Atarés, que es uno de los tres canales de la bahía de La Habana. Estos elevados tienen una especial importancia para la circulación de los trenes que entran o salen de la Estación Central de La Habana.


Referencias:
EcuRed, DCubanos.com, mitrans.gob.cu
