A Ana Castañeda Pérez le conocimos siendo gerente del Patronato de Turismo del Cabildo Insular de La Palma, posiblemente en la etapa más productiva y exitosa de este organismo. En lo suyo era una experta indiscutible, discreta, eficiente y visionaria. Pocas personas como ella hemos conocido con tanto calado y conocimiento en el mundo del turismo, con su incansable presencia y trabajo en ferias, congresos y multitud de contactos pensando siempre en el bien común de su isla amada.

Su trabajo, y el de todo su equipo, fue de una ayuda extraordinaria para los consejeros de Turismo del Cabildo Insular de La Palma con los que le tocó trabajar durante años. Nos quedamos con el mensaje expresado por Pedro Rodríguez Castaños, quien le agradece emocionado su apoyo y dedicación. No tiene nada de sorprendente, por tanto, que en el momento de su despedida terrenal reciba multitud de elogios, sin duda todos ellos muy merecidos.

Ana Castañeda era, en lengua palmera, “desinquieta”, siempre dispuesta, implicada y resolutiva. Tenía una gran vocación de servicio, amaba a su isla y a su familia sin límites y su talante, esfuerzo y dedicación hicieron que dejara una huella imborrable, merecedora del máximo respeto y reconocimiento.

Paradigma de mujer palmera de su tiempo, Ana Castañeda era persona cercana, amable, seria, respetuosa, aguda, valiente y decidida. Un referente de compromiso, ánimo y coraje, valores inculcados desde la cuna, que abanderó siempre incluso en los momentos difíciles de su vida, cuando sintió que su salud se resquebrajaba. Ahí nos deja la herencia de su magisterio fecundo en su dedicación a la dignidad de las personas con discapacidad y su implicación con Padisbalta.

Descanse en paz.

Foto: cedida

 

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