Se cumplen 50 años, tal día como hoy, del trágico accidente de un avión SE-210 Caravelle 10-B1R de AVIACO, matrícula EC-BIC, en el aeropuerto de Alvedro (La Coruña). El vuelo AO-118 –comandante, Rafael López Pascual, de 34 años y 8.600 horas de vuelo–, procedente de Madrid Barajas se estrelló próximo al Pazo del Río, en la localidad de Montrove, a unos 2.800 m de la cabecera de la pista. A bordo viajaban 79 pasajeros y seis tripulantes. No hubo supervivientes.

Según explica el comandante José Ramón Marteles, “con el aeropuerto bajo mínimos por niebla, y el margen en el que parecía aclarar, esto y tal vez las referencias obtenidas en la aproximación frustrada, provocaron las reiteraciones del intento”. Después de tres intentos, a las 11;40 h se produjo la última comunicación con la torre de control y un minuto después se detuvo el flight recorder (AVIACO. Noticia de 50 años, p. 218, edición del autor).

Tras el impacto el avión quedó en posición invertida y se declaró un incendio. El 22 de agosto, AVIACO publicó una extensa nota informativa en la prensa nacional sobre el accidente aéreo de La Coruña.

Hubo cambios en algunas normas o incentivos a los pilotos que aterrizaban bajo mínimos y 41 años después, el 13 de agosto de 2014, e impulsado por una de las familias se desveló un monumento en mármol en el cementerio de San Amaro, en La Coruña, en honor de las 85 víctimas con la relación de todos sus nombres. Sucedía que en 1973 la mayoría de lo cuerpos no pudieron ser identificados –no se disponía de pruebas de ADN–, por lo que fueron inhumados en una tumba común.

Fotos: Udo K. Haafke y Canal 24 Horas TVE

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