El pasado 29 de agosto se cumplieron 25 años del trágico accidente del vuelo 8261 de Binter Mediterráneo. El avión CASA CN-235-200, matrícula EC-FBC, realizaba el vuelo entre Melilla y Málaga con 47 personas a bordo. Durante la aproximación a la pista 32 surgió una indicación de incendio en uno de los motores, que resultó falsa, recuerda @patoaviador en su cuenta de X.

Sin embargo, durante la ejecución del procedimiento de emergencia, el avión quedó sin propulsión debido a la parada consecutiva de sus dos motores, cuando se encontraba en aproximación final, con la consecuente pérdida total de empuje, de modo que se impidió la progresión del vuelo.

El avión CN-235 de Binter Mediterráneo impactó contra las luces de aproximación cuando se encontraba a 538 metros del umbral y terminó contra el terraplén de la carretera N-340.

Fallecieron el comandante de la aeronave, Mariano Hernández Ruano, de 55 años, oficial procedente del Ejército del Aire y tres pasajeros (Emilio Martínez Plaza, de 67 años y residente en Melilla; Mohamed Mohamed Uassani, de 46 y también de Melilla, y el francés Herve Troadec, de 41 años) y sobrevivieron otras 43 personas.

La investigación atribuyó el accidente a la ejecución incorrecta del procedimiento de emergencia ante fuego o daños graves en un motor, junto con otras deficiencias de formación y CRM.

Los restos del avión fueron llevados a la fábrica de CASA en Sevilla. Al concluir la investigación se procedió a su desguace, excepto la cola, que figura expuesta en el Museo Nacional de Aeropuertos y Transporte Aéreo de Málaga, que tanto debe a la iniciativa de Luis Utrilla Navarro.

Foto: vía @patoaviador

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