La noche veraniega fuencalentera vivió un año más la magia llena de colorido y sentida emoción del pasacalle y el baile en acompasado vaivén de los Caballos Fuscos de Los Quemados —incluida la elegante, solemne y altiva jirafa— en la plaza del Ayuntamiento, como cierre de las Fiestas de la Vendimia 2025, que han registrado un lleno apoteósico. Se trata, como destaca Mercedes Lorenzo Pérez, de la tradición cultural y festiva más antigua de Fuencaliente de La Palma y permanece fiel a sus orígenes.
Constituida en 2011, la Asociación Cultural Etnográfica Caballos Fuscos de Los Quemados —que dirige en la actualidad Jonás Salazar Pérez— puede sentirse francamente orgullosa de su generosa contribución al realce de las Fiestas de la Vendimia, como lo ha hecho en tantas ocasiones anteriores dentro y fuera de La Palma, haciendo visible una tradición que forma parte del patrimonio cultural y etnográfico de un pueblo que tiene muy afianzadas sus propias señas de identidad.
Es posible que la danza de los Caballos Fuscos de Los Quemados tenga un origen provenzal. Manuel Poggio Lorenzo y Belén Lorenzo Francisco sitúan su origen hacia 1830 en el Desfile de la Pandorga de la Bajada de la Virgen en Santa Cruz de La Palma [1], aunque numerosas fuentes orales, como las consultadas por Mercedes Lorenzo Pérez [2], apuntan a la influencia cubana, consecuencia de los flujos migratorios entre La Palma y Cuba desde finales del siglo XIX.
El punto de partida se encuentra en el barrio de Los Quemados, en la imaginación de Blas Cabrera Hernández (1847-1918) y de su hijo Cornelio Cabrera Hernández (1883-1953), paisanos ambos carpinteros de oficio y dotados de una gran sensibilidad y habilidad musical y artística, en la que además de los Caballos Fuscos hacían también enanos, gigantes, cabezudos y elementos decorativos diversos para festejos.
A mediados de la década de los años cincuenta comienzan a celebrarse en el barrio de Los Quemados las fiestas en honor de la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba, cuya imagen trajo un emigrante retornado a finales del siglo XIX. En el programa de 1954 el número de los Caballos Fukos —como así se les denominaba entonces— tenía una relevante notoriedad, además de otros actos populares y religiosos. Dicha tradición festiva se mantuvo hasta comienzos de la década de 1960, abriéndose un paréntesis hasta 1978, en que, coincidiendo con la primera Fiesta de la Vendimia de Fuencaliente de La Palma, la danza de los Caballos Fuscos reapareció promovida por Margarita Hernández Lorenzo y un grupo de vecinos de Los Quemados.
Por la tradición oral conocemos que la polca de los Caballos Fuscos se bailaba en la segunda mitad del siglo XIX, según el testimonio de Blas Cabrera Hernández. Refiere Mercedes Lorenzo Pérez, considerando que padre e hijo eran autores de diferentes piezas y arreglos musicales, que es muy probable sean también los autores de la polca que en la actualidad acompaña el pasacalle y la danza de los Caballos Fuscos.
Se trata de una pieza musical sencilla, que se repite de manera continuada acompañada musicalmente de una banda y cuyo ritmo toma la orquesta sobre el escenario en el momento en que entra la comitiva danzante en el centro de la plaza en medio de una enorme expectación y una emoción contenida que rompe en unísono aplauso final.









Notas:
[1] POGGIO CAPOTE, Manuel y LORENZO FRANCISCO, Belén. “La Danza de los Caballos Fuscos en Fuencaliente de La Palma”. El pajar: Cuaderno de Etnografía Canaria, nº. 31 (2015), pp. 103-112.
[2] LORENZO PÉREZ, Mercedes. “Los Caballos Fuscos: Patrimonio Cultural y Etnográfico del municipio de Fuencaliente de La Palma”. Actas del III Congreso Internacional de la Bajada de la Virgen (2023), v. II, pp. 655-665.
Fotos. Juan Carlos Díaz Lorenzo, Fátima Castro y Abián San Gil [Ayuntamiento de Fuencaliente de La Palma]
















