Nos referíamos ayer al 60º aniversario del accidente de un avión C-47 (T.3) del Ejército del Aire —versión militar del emblemático Douglas DC-3—, en la maniobra de aproximación al aeropuerto de Los Rodeos, con el resultado de cuatro muertos entre los cinco miembros de la tripulación técnica del aparato. Sucedió en torno a las dos de la madrugada del 17 de marzo de 1964, después de que tocara las copas de unos árboles e impactara contra el suelo con todo el morro, que quedó destruido en el impacto y la punta del ala derecha.
El accidente sucedió en terrenos del municipio de El Rosario, a unos cuatro kilómetros de la pista de aterrizaje de Los Rodeos y en el paraje conocido como Hoya Núñez, a menos de un kilómetro del núcleo urbano de La Esperanza —cuyos habitantes oyeron el ruido de los motores del avión cuando volaba a baja altura—, de ahí que en la foto que acompaña aparezcan varios paisanos con la típica manta esperancera.
El avión (indicativo 90-1) pertenecía al Grupo Aéreo del Estado Mayor del Aire y estaba tripulado por el comandante Eduardo Romero Baltasar, el copiloto capitán Manuel López Pascual, el sargento primero radiotelegrafista Juan Pablos Fernández, el sargento mecánico Saturnino Ignacio Lecuona Sagasti y el soldado ayudante de cabina Ricardo Sahogar Móstoles. Los tres primeros fallecieron en el acto y los otros dos resultaron heridos de gravedad, siendo trasladados al Hospital Militar de Santa Cruz de Tenerife, donde el sargento falleció unas horas después.
Entre los trece pasajeros de la comitiva oficial —entre ellos siete periodistas— que volaba desde Port Etienne (Mauritania), después de un recorrido por los territorios del África Occidental Española (AOE), figuraba el ministro de Trabajo, Jesús Romeo Gorría, quien más tarde sería presidente de Iberia y a quien envolvía una leyenda urbana en la que se le motejaba como “Romero Corría”.
Foto: archivo de Miguel Bravo
