Alexander Stubb se ha convertido hoy en el décimo tercer presidente de la República de Finlandia. Había una gran expectación, dentro y fuera del país nórdico, para escuchar el primer discurso institucional de toma de posesión del nuevo mandatario, que llega a la presidencia de la República a sus 55 años y culmina una carrera en la que en la política lo ha sido todo. No menos interés había por escuchar también el discurso de despedida de Sauli Niinistö, que ha sido presidente durante los últimos doce años.

    El escenario político y social en el que Sauli Niinistö llegó a la presidencia de Finlandia es bien diferente del momento en el que lo hace su sucesor Alexander Stubb. Los cambios que se han producido en el panorama de la política exterior y de seguridad de Finlandia hacen que “la tarea es más grande que la persona”, como ha dicho el nuevo presidente.

    Finlandia está en la OTAN, algo poco probable hace pocos años; Rusia está en guerra en Ucrania y amenaza a Europa, la ONU muestra debilidades, la cooperación política global está resquebrajada y puede que se avecinen otros cambios bruscos en el panorama internacional que pueden añadir mayor incertidumbre.

    El nuevo presidente de Finlandia llega a la presidencia de su país en un momento complejo y su mandato arranca en un escenario totalmente nuevo. Le separan casi 20 años respecto de su predecesor, para quien ha tenido palabras de gratitud y reconocimiento, así como también para los expresidentes Tarja Halonen y Martti Ahtissari, éste último recientemente fallecido.

    Jyrki Hara, analista político de la cadena Yle, destaca que el nuevo presidente mantiene una línea continuista con la política internacional de Sauli Niinistö. Alexander Stubb se ha referido a la importancia del ideal de paz y un sistema internacional basado en normas. Su línea propia es de “realismo basado en valores”, donde es posible combinar esfuerzos por la paz y el respeto a los derechos humanos con una sólida capacidad de defensa e interacción con los países de regímenes autoritarios. En realidad, el realismo basado en valores que propugna Alexander Stubb, sigue la línea de quienes le han precedido en la presidencia de la República.

    Solo que, en la formulación de la política exterior, se han producido algunos cambios de calado, porque Europa y una parte del mundo ha adoptado una nueva posición respecto de Rusia, país vecino con el que Finlandia ha mantenido una equilibrada posición bilateral durante décadas. No parece probable que Putin le felicite por su toma de posesión y tampoco se ha nombrado a ningún experto especial en asuntos rusos para el nuevo gabinete del presidente Stubb, que hará su primer viaje a un ejercicio de la OTAN en el norte de Noruega, aunque su primer viaje oficial será a Suecia, que pronto entrará también en la OTAN.

    Jyrki Hara pone el acento en las diferencias personales entre Sauli Niinistö y Alexander Stubb, que van más allá la edad, la naturaleza de cada cual y sus formas de ser y hablar. Y mientras el presidente saliente “ha reflexionado sobre las cosas con calma, cultivando un lenguaje envejecido; se ha unido al largo continuo presidencial utilizando figuras retóricas y símiles y, a veces, dejando que su mensaje principal sea interpretado en parte por el oyente. Niinistö ha actuado en busca de la verdadera modestia finlandesa, aunque no siempre lo haya conseguido”.

    Alexander Stubb, señala Hara, “es la personificación de un diplomático internacional de primer nivel y ha dejado volar la chispa. Ha tenido –al menos hasta hoy– la costumbre de estructurar sus pensamientos como colecciones precisas de puntos o, por ejemplo, listas de años significativos. El discurso es más directo, más rápido y más inequívoco, de modo que los posibles errores también son más claramente visibles”.

    Sauli Niinistö ha mantenido una popularidad alta durante su largo mandato de doce años. Pocos dudan que Alexander Stubb también pueda ser un presidente popular. Tiene un largo recorrido en la política finlandesa, en la que, entre otros cargos, ha sido primer ministro, pero el desafío que le espera a partir de ahora resulta, sencillamente, ingente y tiene una especial importancia.

    Jyrki Hara concluye que Alexander Stubb “tiene todas las oportunidades para traducir sus propias virtudes, como, por ejemplo, un gran dominio del idioma o la fluidez social en los ámbitos internacionales, en popularidad social, aunque los puntos fuertes de Niinistö estaban en otros lados. La tendencia de la mayoría de los ciudadanos, si no amor absoluto, al menos a agradar a su presidente en ejercicio, bien puede permitir un cambio de estilo significativo”.

    Fotos: oficiales de Alexander Stubb

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