Querido Alfonso:

No sabemos muy bien por dónde empezar. Resignados a que ya no volveremos a vernos y a conversar con la soltura y la amplitud de miras con la que solíamos hacerlo, aquí o allá, lo primero que queremos decirte es que nos sentimos especialmente felices y orgullosos de haberte conocido y de tenerte entre nuestros amigos más apreciados.

Han sido unos años —unos cuantos, a decir verdad—, que hemos compartido encuentros y vivencias que se han vuelto entrañables y que ya forman parte de nuestro pasado más valioso, aunque la memoria fértil, en una carrera intensa y desbocada, evoca de pronto muchos de ellos para anteponerlos unos a otros de modo que ninguno, por valioso, quede atrás.

Te recordaremos siempre por lo que siempre recibimos de ti. En el recuento de los años vividos te sentimos buen amigo y sobre todo buena persona, amable, desprendido, ocurrente, cercano e íntimo en muchas ocasiones.

Asturiano de cuna y convicción, palmero y tinerfeño lagunero de elegida adopción, esposo, padre, hermano y abuelo de magisterio fecundo, profesional competente y reconocido de tantos años de trabajo y dedicación en CajaCanarias con la honestidad por bandera, músico gaitero de inspiradas melodías, entusiasta divertido y adicto al dominó… no tas vas de este mundo con las manos vacías. Al contrario, dejas una huella amplia y generosa que demuestra tu estela vital y nos hace sentir privilegiados.

No ha sido sin lucha y firmeza el final terrenal, aunque sentimos que haya sido injusto y a destiempo y eso nos duele especialmente. Frente a ello nos quedamos con todo lo anterior y es verdad que vivirás para siempre, porque siempre te recordaremos por como eras y nos hiciste sentir y permanecerás en el corazón y en la memoria de quienes te queremos.

Descansa en paz, querido Alfonso.

(Alfonso Fernández Fernández. Avilés, 21 de febrero de 1951 — La Laguna, 1 de junio de 2026)

Foto: cedida

Compartir
Dejar un comentario