El auditorio “Juan Carlos I” de Arafo ha sido escenario los días 16 y 17 de octubre de un espectáculo interdisciplinar que reconstruye la figura de Dacio Ferrera (1938-2007), nacido en el pueblo de la música de Tenerife por excelencia y apodado “el mencey del canto”. Dos días de puesta en escena con un lleno absoluto, lo que demuestra la fortaleza de la memoria del homenajeado casi dos décadas después de su marcha terrenal.

Se trata de uno de los cantadores y flocloristas más importantes, admirados y queridos de la historia de la música tradicional de Canarias, a quien otro de los grandes, con la elegancia de sus formas y su cultivada voz, Héctor González, revive magistralmente en su papel central con singular maestría.

Una sucesión de fragmentos sobrevive a toda una vida de canciones, coplas, recuerdos, anécdotas, objetos, gestos y silencios. El hilo conductor rehúye el tránsito de una biografía convencional, pues la propuesta de Oswaldo Bordón como director escénico avanza a través de una sucesión de estampas en las que concurren el hombre, el cantador y, especialmente, el pueblo que le acompañó y al que Dacio Ferrera dedicó sus mejores afanes artísticos.

Dacio Ferrera, que vino a vivir a La Laguna con su familia siendo un niño, aprendió a tocar la guitarra y el laúd con gran virtuosismo de la mano de Manuel Hernández, director musical del Orfeón La Paz, donde también desarrolló su formación vocal. A lo largo de su exitosa carrera, formó parte de varios grupos aureolados, como la Rondalla Real Hespérides, el propio Orfeón La Paz, la Masa Coral Tinerfeña, Los Sabandeños —al que perteneció por espacio de casi 25 años—, Mestisay y La Parranda de Cantadores. Es muy recordada, asimismo, su presencia habitual en el programa “Tenderete”, en tiempos de Fernando “Nanino” Díaz Cutillas y en otros grandes encuentros.

En el espectáculo Dacio Ferrera —que bien merece recorrer todas las islas con un punto de arranque de primer nivel en La Laguna—, el homenajeado aparece y desaparece entre las voces de quienes lo conocieron, como el propio Héctor González, José Manuel Ramos, Domingo Rodríguez “el colorao” —extraordinario y virtuoso maestro del timple— y Agustín González “el fósforo”, que fue amigo suyo desde la juventud y compañero durante la dilatada etapa en Los Sabandeños.

El humor de Dacio Ferrera —que era muy rápido y muy agudo en sus respuestas—, sus contradicciones vitales, como evocan José Manuel Ramos y Domingo Rodríguez “el colorao”; su particular relación con la palabra, su manera de escuchar y entender el folclore —como bien recoge la intervención de Fabiola Socas, a modo de monólogo— y su vínculo con la cultura popular canaria hilvanan un retrato humano y artístico de una gran emotividad.

La propuesta de Oswaldo Bordón como director escénico avanza a través de una sucesión de estampas en las que concurren el hombre, el cantador y el pueblo que le acompañó y al que Dacio Ferrera dedicó su vocación artística

Dacio Ferrera, título unipersonal del espectáculo, es un trabajo bien meditado, bien preparado y bien hecho sobre la memoria y la transmisión cultural. Refleja a toda una generación, una manera de cantar, de entender la amistad, de interpretar la música y de escuchar a los cantadores y también un reconocimiento a la comunidad musical de Canarias y, en especial, de Tenerife y La Laguna, donde Dacio Ferrera es un nombre de leyenda que pervive en la memoria colectiva.

En el espectáculo, del que se ocupa La Alpispa Producciones, intervienen Domingo Rodríguez “el colorao”; Héctor González, José Manuel Ramos, Fabiola Socas, Juan Carlos “el palmero”; Gabriel González, Agustín González “el fósforo”; Manuel Torres, Víctor González, Javier González, Eduardo Navarro y Carlos Martín.

Oswaldo Bordón hilvana la dramaturgia y asume la dirección técnica; José Manuel Ramos y Héctor González comparten la dirección musical, en la que ambos son reconocidos maestros; José Antonio “el soja” tiene a su cargo el diseño y técnico de sonido, con algunos problemas en el espectáculo del día 17, al que asistimos; Aarón Ramos, diseño y técnico de iluminación, muy bien estudiada; Óscar Hernández ejerce la regiduría y Mariana Hernández figura como su ayudante en esta responsabilidad.

 

Fotos: Juan Carlos Díaz Lorenzo

 

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