Valentín Jerónimo era de los de menor edad de una familia de 13 hermanos apodada como «los majoreros» que vivieron en El Cantillo. Dormían en el suelo, sobre jergones rellenos de pinillo. Pastoreaban cabras y preparaban, tradición aborigen, gofio y bollos de raíces de helecheras.

Había guerra de pobres en Cuba y el Gobierno de la reina regente María Cristina y su jefe de gobierno Cánovas del Castillo alistaron a Valentín en el contingente del Batallón Provisional de Canarias, compuesto mayoritariamente por quintos de las islas.

José Antonio, hermano mayor, no quiso que Valentín fuera solo a aquella guerra desconocida en Las Manchas y se apuntó voluntario, como aparece documentado en el Archivo General Militar de Guadalajara que conserva expedientes de milicianos palmeros en la Guerra de Cuba. Entre ellos aparece Antonio Jerónimo Camacho, nacido en 1868.

Acabada la guerra y disuelto el Batallón de Canarias, Valentín regresa varias veces a Cuba y trabaja en las vegas de tabaco de Taguasco. En cada viaje adquiere fincas de secano, relvas en el monte, un celemín de plátanos en La Manana y edifica su casa en El Cantillo.

Desde el monte el suave barranco de Los Cubos atravesaba el Llano del Banco, descendía por el Salto de La Aguililla (entre las Montañas del Gallo y Los Roques), Culantrillo, Bernal y El Cantillo. Había formado el próspero rebozo del valle de El Cercado, repleto de fértiles tierras de secano, frutales, cereales, pastizales, bodegas, eras y corrales. Allí Valentín y varios de sus hermanos compraron la mejor finca y construyeron casa y bodega.

Era El Cercado su principal fuente de subsistencia. Llegó la otra guerra, la de 1936, y se llevaron a su hijo Tomás, con veintiún años recién cumplidos, mantenedor de la familia, desde las tierras de El Cercado al frente de batalla en donde un disparo en la cabeza le causó la muerte mientras Valentín estaba en Cuba y sin llegar a saber muy bien por qué estaba en aquella guerra. En casa quedaba sola su madre Saturnina y sus dos pequeños gemelos de once años.

Al regreso de Sancti Spíritus, Valentín vivió la posguerra en Las Manchas mientras crecían sus hijos gemelos. El 24 de junio de 1949 una explosión de la tierra en La Cumbre, junto a la montaña del Duraznero y Nambroque iniciaba el volcán de San Juan. El 8 de julio, en un día de niebla infinita, los vecinos de Las Manchas vieron aparecer por El Culantrillo, siguiendo el curso del Barranco de Los Cubos, un río de fuego incandescente que sepultaba a El Cantillo, pago más poblado de Las Manchas y la tierra más productiva, la del Llano de El Cercado.

A Valentín Jerónimo le dio tiempo de bajar a El Cercado con sus gemelos y desentejar la vivienda y la bodega, sacar la madera de tea del lagar y las pipas. El volcán sepultó toda la finca, que en su límite sur llegaba junto a lo que luego sería la Cueva de Las Palomas, dejando sólo una tira de dos metros de ancho en su lindero del norte, en Las Goronas. Años de esfuerzo en Cuba anulados en un solo día.

El volcán pasó a pocos metros de la vivienda de El Cantillo. Valentín envió a sus hijos a La Cruz Chica (La Laguna) a la casa familiar de su esposa Saturnina. Pero él se negó a abandonar la casa que había construido con sus propias manos. No podía seguir perdiendo.

Posguerra, cartillas de racionamiento, volcán y sequías. Sus hijos gemelos crecieron y echaron a suerte cuál de los dos marchaba a Venezuela, como estaban haciendo todos los jóvenes de Las Manchas. Le tocó a Susano, que marchó en 1953 a Aroa (Estado Yaracuy). Nunca más Valentín, que murió en 1959, volvió a ver a su gemelo de Venezuela.

Hoy El Cercado está cubierto de la lava de la miseria de 1949. Decenas de casas, bodegas y corrales que causaron llanto y desesperación en una época de severa austeridad. Allí se construyó el Centro de Volcanes de Cueva de Las Palomas. Las paredes de la casa y bodega de Valentín quedaron visibles, muy cerca de la Cueva.

El Cercado era vida, sustento y esperanza sepultado por el volcán del olvido. Hoy da cierta pena ver cómo nada recuerda su pasado y su valor antropológico. Cuando se menciona y se visita la instalación turística y divulgativa allí construida se conoce con un novedoso topónimo de Caños de Fuego que, además, en pocas menciones lo sitúan en Las Manchas, tierra de dificultades y valores de supervivencia, estimo, poco reconocidos.

Foto: cedida por el autor

 

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