“Diciembre no es enero” (Escritura de las nubes, 2024) no es un poemario al uso en la escena vital de Noemí Martín, sino una historia poética íntima y distinta a todo lo que hayamos leído antes de esta autora tinerfeña, que irrumpe de nuevo en lo que ella define como “un monólogo sincero. Una película”.

    El argumento navega entre doce poemas de un viaje emocional en doce meses y nace en el vuelo de una mujer valiente que transita entre el amor y el desengaño en estado puro, que se atreve con los nuevos comienzos, esos reinicios complejos que nos ha tocado vivir en ocasiones.

    Poco más de 40 páginas salpicadas de imágenes hermosas e intensas de Ciara B que transitan por el devenir creativo como “una llamada urgente al cambio. Es abrir ventanas para refrescar el corazón. Es transformación y resiliencia. Sufrimiento y esperanza. También una especie de mantra al que acudir en momentos difíciles. Porque detrás del dolor y el miedo, está la vida burbujeando. Esperándote. Porque diciembre no es enero”.

    El veterano periodista Rodolfo Serrano es el autor del prólogo que titula “Romper el calendario” y dice que “en este libro late, como un corazón oculto, un cálido golpe de vida abierta, de esa voluntad, de esa fuerza, trágica y dulce, por comerse a bocados el dolor, la desolación que dejan los tiempos de los amores perdidos, la tristeza de los días”.

    Y destaca una pregunta, profunda, a página completa:

    “¿No es, como cuenta Noemí, el amor una derrota? ¿No es la pasión un relámpago fugaz que deja en el alma una luz difusa que, poco a poco, se va apagando en nuestra carne?”.

    El poemario “Diciembre no es enero” responde a los miedos de los enamorados. “Todo se acaba —sentencia Rodolfo Serrano—, aunque siempre seguiremos buscando la eternidad. Todo es efímero, pero en el cuerpo del otro buscaremos y encontraremos el tiempo de la dicha, encontraremos el refugio de todas las tormentas. No importa hasta cuándo. Importa el momento”.

    Entresacamos, a continuación, algunos trazos del poemario de Noemí Martín:

    Enero

    Son mis dos ojos grises llorando tu escapada

    la tormenta que anuncia el diluvio del alma.

    El trueno que me quiera cuando siento la nada

    rompiendo mis cimientos

    Febrero

    El carnaval afuera.

    Vibra mi ventanal

    como si me esperara para bailar un vals

    Marzo

    Decido que estoy viva,

    aunque sea por momentos.

    (…)

    La primavera anida detrás de la ventana.

    Seré primaveral:

    no voy a perder nada.

    Voy a ganarlo todo.

    Abril

    Y me como el pastel

    pidiendo ese milagro bendito como el agua:

    que me olvide de ti y que seas un él.

    Mayo

    Y dentro de ese antro sereno y sin esclusas

    en que me he convertido,

    hay un nuevo concierto que me endulza las alas (…)

    Junio

    Me levanté rebelde.

    Es lo que tiene junio y esos dos ojos verdes

    Y esos textos que escribe,

    que no Jardiel Poncela.

    (…)

    (La vida es un instante.

    Un puntito en el cielo.

    Hay que reírse, ¿no?).

    Julio

    Apetece una huida a un horizonte tierno

    con pan, aceite virgen y trozos de deseo.

    Apetece ser alguien.

    Dejar la transparencia.

    Apostar por la magia de una mirada cuerda.

    Salir de la chistera.

    Agosto

    Me voy a un escondite para llorar a solas

    porque no entiendo nada.

    Porque no estoy alegre.

    Porque estoy desquiciada.

    Siento que vuelvo a enero.

    Septiembre

    Agua clara en un charco.

    Tengo que decidir.

    Octubre

    Esto es blanco o es negro.

    No cabe el bicolor.

    Esto es vino o es cola.

    Ya debe estar muy claro:

    tengo que ser cabal.

    Al menos en octubre.

    Noviembre

    Lo intentaremos.

    Porque la vida es esto.

    Heridas y tiritas.

    Sutura en los lamentos.

    Y seguir y jugar

    y perder y perderse.

    Diciembre

    Diciembre no es enero.

    Esta mujer es otra.

    Más viva, más brillante.

    Más fuerte, menos rota.

    Diciembre no es enero

    y yo ya no me pierdo sin tu cadena al cuello.

    Foto: cedida

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