De la mar y los barcosDestacado

Un viaje con Francisco Onzáin a bordo del “Galeona” / y 2

Afortunadamente el tiempo mejoró y fue entonces cuando empezamos a  tomar conciencia del fuerte riesgo que habíamos corrido. Es curioso que cuando estamos metidos en faena para salvar la situación, el miedo no suele hacer acto de presencia; esto lo pude comprobar en más de una ocasión en mi trayectoria profesional  durante momentos de dificultades.

Pasados los años, el destino haría que en el que fuese mi último viaje a bordo del buque “Guadalupe I” que he citado anteriormente, sufriéramos otra avería muy grave y más o menos en la misma zona, que nos mantuvo durante dos días al socaire de un fuerte temporal y cargado de contenedores hasta lo que permitía la línea de máxima de carga. También en esta ocasión el trabajo y la suerte nos permitió salvar la  situación. Hay que decir que en aquella época el trincaje de los contenedores  se hacía correctamente, cerrando las estibas por bloques y mediante los necesarios y suficientes elementos.

Una vez en Baltimore, Paco Onzáin, don Francisco para mí en aquella época de años mozos, vino por mi camarote para comunicarme que se sentiría muy satisfecho si lo acompañaba al consulado español  para formalizar la correspondiente protesta de mar y posteriormente irnos a comer; él invitaba.

Tras comunicárselo al jefe de máquinas para que me hiciese el favor de cubrirme la guardia, me dispuse a ponerme “guapo” y disfrutar de lo que a mis 23 años resultaba ser un honor.

Formalizados en el Consulado de España los correspondientes trámites y nos dirigimos a dar fin a aquella situación en un conocido restaurante de Baltimore Street, de sendos chuletones de más de un kilo la unidad; el cocinero que llevábamos a bordo, no era precísamente de la escuela de Néstor Luján, y nos apetecía un “homenaje”.

Finalizada la comida, nos acercamos a la cercana oficina del consignatario con objeto de hacer una llamada a las oficinas centrales de la Compañía para informar de los avatares del viaje, y confirmar que la protesta había sido debidamente legalizada, al mismo tiempo que aprovechábamos para llamar a la familia.

En la oficina consignataria se ofrecieron para llevarnos a bordo, no sin antes invitarnos a una copa en el Club Play Boy, cercano a donde estábamos. Accedimos al ofrecimiento y nos dirigimos al elitista y afamado club. Aunque era una hora aún temprana para este tipo de actividades, al llegar observamos que ya algún cliente se encontraban en el lugar.

Mientras estábamos disfrutando yo de un gingerale y Onzáin de un Jhonnie Walker, observo que éste tiene la mirada fija en un grupo de tres personas situados al final de la barra. Le pregunto si los conoce y me responde que la chica le resulta conocida y que no sabe de qué. Al fijarme en ella me ocurre lo mismo, me resulta muy conocida, pero no logro poner en pie de qué o de dónde la puedo conocer.

Mientras ambos comentábamos a la vez que la mirábamos, la elegante y atractiva mujer cruza una mirada de salutación con nosotros, hecho este que dio motivo más que suficiente para que Onzáin se acercase a ella y le dijese:

– Somos dos periodistas españoles que nos hemos trasladado a EE.UU., con objeto de conocer el posible impacto que el asesinato de nuestro Presidente de Gobierno haya podído causar; el hecho de que mi compañero y yo la miremos con tanta insistencia ,no es motivado únicamente por su belleza, es que su cara nos resulta conocida…

-It´s possible, my name is Barbra Streisand

De inmediato, la ya entonces  afamada estrella, hizo un leve gesto a los dos guardaespaldas que la acompañaban, retirándose de inmediato hacia otra parte de la barra, para de inmediato comenzar a entablar una simpática conversación durante la que tuvimos ocasión, entre otras cosas, de comprobar el rechazo que la cantante mostraba hacia la dictadura  de Franco, nombre que pronunciaba de una forma que nos producía  risa.

Aunque ambos no éramos precisamente unos expertos en la lengua de Shakespeare, pudimos disfrutar durante más de una hora de la dulzura y amabilidad de una mujer que, debido a su fuerte carga de feminidad y atractivo, en persona nos parecía mucho más de lo que pudiésemos pensar. Aquella noche ofrecía un show en un teatro de Baltimore al que tuvo el detalle de invitarnos; lamentablemente a medianoche zarpábamos hacia New York.

Juan ; ¿ no podrías hacer un sabotaje en la máquina que nos impidiera salir esta noche…?, me preguntó en broma el Capitán.

-Ya me gustaría don Francisco, pero bien sabe usted que lamentablemente no es posible…

Tras despedirnos de la afamada cantante, el capitán Francisco Onzáin me dio un cariñoso golpe en el hombro diciendo:

-Vámonos, el deber nos espera….

Pasada una hora me encontraba en la sala de máquinas preparando  la salida y recordando una vez más aquello de:! qué dura es la vida del marino…¡

Así sucedió y así os lo cuento.

(*) Jefe de Máquinas de la Marina Mercante española

Foto: archivo de Juan Carlos Díaz Lorenzo

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