Del país de Finlandia

Sibelius

Sibelius está considerado el más grande de los compositores finlandeses y, sin duda, el más conocido a nivel internacional. Personaje de interesante trayectoria, desempeñó un protagonismo determinante entre finales del siglo XIX y comienzos del XX en la creación de un estilo musical propio. El gran Sibelius, cuyo nombre completo era Johan Julius Christian Sibelius, nació el 8 de diciembre de 1865 en Hämeenlinna, en tiempos del Gran Ducado de Finlandia dominado por Rusia. Aunque su familia hablaba sueco, estudió en una escuela de habla finesa, en su pueblo natal, entre 1876 y 1885.

En 1879 comenzó sus estudios de violín con Gustav Levander y cuando acabó su formación en el liceo, eligió Derecho en la Universidad Imperial, en Helsinki. Sin embargo, la música se había convertido en su preclaro destino y pronto abandonó las leyes para incorporarse al Instituto Musical que hoy lleva su nombre, siendo uno de los alumnos aventajados del violinista Csillag y del maestro Martín Wegelius, que también lo fue de Armas Järnefelt y Selim Palmgren.

Entre 1889 y 1891 estudió becado en Berlín con Becker y Bargiel y en Viena con Karl Goldmark y Robert Fuchs, y de regreso a su país, ejerció de profesor de teoría musical en el conservatorio de Helsinki entre 1892 y 1897, año en el que recibió una beca del Gobierno que le permitió dedicarse exclusivamente a la composición. En esta época compuso su primera obra orquestal, con la que despertó el interés de Brahms, que también alabó algunas de sus canciones. En 1892 contrajo matrimonio con Aino Järnefelt, de cuya unión nacieron seis hijos. En 1903 la familia se trasladó a una casa llamada Ainola, construida a orillas del lago Tuusula, en Järvenpää, donde transcurriría el resto de su vida.

Sibelius es uno de los símbolos culturales de Finlandia y, en unión de Johan Ludvig Runeberg, uno de los pilares del nacionalismo romántico. Su música posee unas implicaciones modales muy fuertes. Muchas de sus características melódicas y armónicas tienen su explicación en sus estudios de la polifonía del Renacimiento.

Casa natal de Sibelius en Hameenlinna
Casa natal de Sibelius en Hameenlinna

Partiendo de una sólida formación dentro del sinfonismo romántico alemán, en 1892 definió, con Una Saga, los elementos esenciales por los que evolucionaría su obra: un monumental corpus sinfónico evocación del mundo fabuloso y épico del Kalevala, en un lenguaje que combina de forma personal solemnidad y austeridad de manera sorprendente.

Apasionado en un momento de su vida por la ópera, Sibelius inició el estudio de partituras wagnerianas y asistió al festival de Bayreuth, donde escuchó Parsifal, lo que causó un gran impacto en su espíritu, escribiendo a su esposa una carta en la que le dice, entre otras cosas, lo siguiente: “Nada en el mundo me ha impresionado tanto. Ha movido las cuerdas más profundas de mi corazón”.

Sibelius comenzó a trabajar en su ópera Veenen luominen, aunque por poco tiempo. Cuando decreció su aprecio hacia Wagner, el material musical de la incompleta obra se convirtió, posiblemente, en la suite Lemminkäinen (1893). Sibelius también tuvo influencias de Busoni y de Tchaikovsky, lo que resulta evidente, en el caso de este último, en la sinfonía Kullervo (1882), así como en su Sinfonía nº 1 (1899), con la que alcanzó rápidamente el reconocimiento de su tiempo y, más tarde, en su Concierto para Violín (1903).

Al regreso de un viaje a Italia –una de las escasas ocasiones en las que salió de su país natal–, Sibelius compuso una de sus obras más famosas, el poema sinfónico Finlandia (1899), que fue prohibido en su momento por las autoridades rusas dado que suscitaba un gran fervor patriótico entre la población.

Su concepto de sinfonía complementaba al de Gustav Mahler, quien un día le confesó que para él componer era “crear un mundo que debe abrazarlo todo”. En cambio, para Sibelius lo importante era “una lógica profunda que interconectase todos los motivos”. Por esta razón sus sinfonías tienden hacia la austeridad y la compresión de la forma, tendencia que se haría más pronunciada a medida que avanzaban los años.

Al igual que en Beethoven, el núcleo de la música de Sibelius es la colección de sus siete sinfonías. En cada una de ellas, su autor –que se esforzaba por mantener la estructura formal siguiendo la huella de Brahms– se aproximó a los problemas básicos de forma, tonalidad y arquitectura musical, de una manera individual y única. Su creatividad sinfónica fue novedosa, si bien algunos contemporáneos sintieron que su música debería haber seguido otro camino. Sibelius dio poca importancia a la opinión de los críticos: “No presten atención a lo que dicen. Nunca se ha levantado ninguna estatua de uno de ellos”, decía.

Sibelius demostró siempre un profundo amor por la naturaleza, hasta el punto de que el paisaje de Finlandia moldeó el estilo “natural” de su música. De su Sinfonía nº 6, por ejemplo, diría que “siempre me recuerda la escena de la primera nieve”. La producción del maestro fue prolífica: varias piezas inspiradas en el poema épico Kalevala; cien canciones con acompañamiento de piano, música incidental para 13 partes separadas, música de cámara, música para piano, 21 publicaciones de música coral, y música ritual para la masonería.

Entre sus composiciones más famosas figuran las siguientes: Kullervo (1882, sinfonía para soprano, barítono, coro y orquesta, opus 7), Una Saga (1892, poema sinfónico, opus 9), Karelia (obertura orquestal, opus 10), Karelia (1893, suite, opus 11), Lemminkäinen ’Cuatro leyendas de Kalevala’ (1893, suite, opus 22), Finlandia (1899, para orquesta y coros, opus 26), Sinfonía nº 1 (1899, Mi Menor, opus 39), Sinfonía nº 2 (1902, Re Mayor, opus 43), Concierto para violín (1903, Re Menor, opus 47), Kuolema (1904, vals triste y escena con grullas, opus 44), Sinfonía nº 3 (1907, Do Mayor, opus 52), Sinfonía nº 4 (1911, La Menor, opus 63), Luonnotar (1913, poema sinfónico para soprano y orquesta, opus 70), Aallottaret ’Las ninfas del mar’ (1914, poema sinfónico, opus 73), Sinfonía nº 5 (1915, Mi Mayor, opus 82), Oma Maa ’Nuestra Patria’ (1918, para coro y orquesta, opus 92), Sinfonía nº 6 (1923, Re menor, opus 104), Sinfonía nº 7 (1924, Do mayor, opus 105) y Tapiola (1926, poema sinfónico, opus 112), considerada su última gran obra.

Afectado por una operación quirúrgica en 1911 –la proximidad de la muerte puede verse claramente en varias de las obras que compuso por entonces, entre las que se encuentran Luonnotar y la Sinfonía nº 4– y el final de la I Guerra Mundial, en 1918, Sibelius evitó siempre hablar de su música. A partir de 1926, su producción comenzó a decrecer y durante casi treinta años permaneció en aparente silencio.

Existe evidencia de que Sibelius trabajó en una Sinfonía nº 8. El compositor prometió su estreno en 1931, e incluso se anunció una presentación pública en Londres, bajo la dirección de Basil Cameron, en 1933. Sin embargo, no se ha encontrado partitura alguna y la única evidencia escrita existente es un recibo por el copiado del primer movimiento.

Sibelius siempre fue muy crítico de su propia obra, y se dice que llegó a comentar a sus allegados: “Si no puedo escribir una sinfonía mejor que la séptima, entonces será ésta la última”. Como no se ha encontrado manuscrito alguno, se cree que el maestro destruyó todas las versiones de la partitura.

La gran catedral de Helsinki emerge entre la niebla invernal
La gran catedral de Helsinki emerge entre la niebla invernal

Dos días antes de su fallecimiento, ocurrido el 20 de septiembre de 1957, cuando contaba casi 92 años de edad, Sibelius hizo su acostumbrado paseo matutino y a su regreso comentó a su esposa que había visto una bandada de grullas acercándose. “Aquí vienen las aves de mi juventud”, exclamó. De pronto, uno de los pájaros abandonó la formación y sobrevoló Ainola describiendo círculos, volviendo después a la bandada.

Recibió sepultura en el jardín de su casa, donde también se encuentra su esposa, fallecida el 8 de junio de 1969. En 1972, los hijos del compositor vendieron la casa natal al Estado finlandés y dos años después, el Ministerio de Educación inauguró allí un museo a su memoria.

Sibelius encontró una cierta línea de continuidad en compositores como Aarre Merikanto (1893-1958) y, en menor medida, en Leevi Madetoja o Erkki Melartin. En Europa, los ingleses fueron los primeros en descubrirlo. Sir Thomas Beecham, amigo personal, fue uno de los grandes intérpretes del compositor finlandés.

Anthony Collins, que había desarrollado una extensa carrera en Hollywood como director y compositor de música para películas, realizó la primera grabación completa de las sinfonías de Sibelius al frente de la Orquesta Sinfónica de Londres. Leopold Stokowski y Eugene Ormandy -éste último también amigo del compositor-, contribuyeron al conocimiento de Sibelius por parte de la audiencia americana, programando a menudo sus obras.

En las afueras de Helsinki, en el distrito Töölö, está el Parque Sibelius [Sibeliuspuisto]. Se trata de un monumento muy llamativo diseñado por Eila Hiltunen (1922-2003), que lo dio a conocer en septiembre de 1967. Hubo debate, apasionado por momentos, sobre los méritos y defectos del arte abstracto –en el que su autora había acreditado su trayectoria desde sus primeros trabajos en 1947– que presentaba la propuesta para honrar la memoria del gran Sibelius. Para acallar las voces más críticas, la artista incluyó la efigie del homenajeado.

El monumento lo conforman unos seiscientos tubos de acero, huecos y soldados entre sí por un patrón de onda. El propósito de Eila Hiltunen consistía en captar la esencia de la música de Sibelius. Pesa 24 toneladas y tiene unas medidas de 8,50 × 10,50 × 6,50 metros. La diversidad espacial permite al espectador apreciar el trabajo en el interior, así como el eco y los sonidos generados por las cavidades, todo lo cual le confiere un carácter único. Visto desde la distancia la forma de la escultura se combina con el bosque y una base granítica de gran fortaleza. Es una visita obligada cuando se está en Helsinki, pues se encuentra en una zona verde, muy recomendable para el paseo sin prisas. Y, al mismo tiempo, representa una grata oportunidad para el reencuentro con la memoria fértil del insigne patriota.

Bibliografía:

Murtmäki, Veijo (2000). “Sibelius, Jean” (1865-1957). En 100 Faces from Finland: A Biographical Kaleidoscope. Traducido por Roderick Fletcher. Suomalaisen Kirjallisuuden Seura (The Finnish Literature Society). 

Poroila, Heikki (2012). “Yhtenäistetty Jean Sibelius Teosten yhtenäistettyjen nimekkeiden ohjeluettelo”. Suomen musiikkikirjastoyhdistys (Finnish Music Library Association).

Ross, Alex (2009). El ruido eterno. Escuchar al siglo XX a través de su música. Seix Barral/Círculo de Lectores. 

Fotos: BBC Music Magazine, Balcer, 

Anterior artículo

China pone a flote el portaaviones “Shandong”

Siguiente artículo

La doble vida del buque “Deutschland”