La Palma, una Isla del Atlántico

La Vía Láctea desde el cielo de La Palma

Tiene Montserrat Alejandre el conocimiento, el afecto, la paciencia y el dominio de la estética fotográfica que le ha permitido captar esta imagen bellísima de la Vía Láctea desde el cielo de La Palma. En el punto preciso donde la isla a la que amamos alcanza su nivel más alto y donde en la inmensidad de la noche todo lo envuelve en abanico de quietud y sosiego. Donde la grandeza de la naturaleza no tiene límites. Donde La Palma se convierte en Isla de las Estrellas y se encuentra el complejo astrofísico más importante del hemisferio norte.

En la visión de la fotografía que acompaña apreciamos una borrosa banda de luz blanca alrededor de la esfera celeste. La visión que tenemos se debe a la presencia de estrellas y otros materiales que se hallan sobre el plano de la galaxia espiral barrada. La Vía láctea aparece más brillante en la dirección de la constelación de Sagitario. Su diámetro medio se estima en unos 150.000 años luz, es decir, un trillón y medio de kilómetros. Dicen los estudiosos en la materia que contiene entre 200.000 millones y 400.000 millones de estrellas.

La distancia desde el Sol hasta el centro de la galaxia es de unos 27.700 años luz, aproximadamente el 55 % del radio total galáctico. La Vía Láctea forma parte de un conjunto de unas cuarenta galaxias denominado por los científicos Grupo Local y es la segunda más grande y brillante tras la galaxia de Andrómeda, aunque según estudios recientes se trata de la más masiva, al ser la nuestra algo así como un cincuenta por ciento mayor de lo que se creía anteriormente.

La mitología griega dice que la apariencia de la banda de luz que rodea el firmamento es la leche derramada del pecho de la diosa Hera, que es la diosa Juno de los romanos. El astrónomo Demócrito, que vivió entre los siglos V y IV antes de Cristo, entendía que ese haz blanco en el cielo era, en realidad, un conglomerado de muchas estrellas demasiado tenues para ser reconocidas a simple vista. Pasaron muchos siglos hasta que en 1609 Galileo Galilei, haciendo uso de un telescopio, demostró que la aseveración de Demócrito era cierta.

Foto: Montserrat Alejandre

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