Empresa, Cultura y Sociedad

En memoria de Ricardo Tavío

Han transcurrido algo más de tres años desde su partida –hoy hubiera cumplido 71 años– y pensamos que en cualquier esquina del centro de Santa Cruz de Tenerife vamos a encontrarnos de nuevo a Ricardo Tavío Peña, amigo de días felices, a quien siempre recordaremos con especial afecto. La razón y los hechos nos dicen, sin embargo, que este buen tinerfeño se nos fue para siempre la víspera de Reyes de 2014 y nos queda la satisfacción de haberle conocido y ser testigos de su estela de buen y buen hacer, siempre a favor de la tierra donde nació.

Conocimos a Ricardo Tavío hace unos treinta años, más o menos, cuando él trabajaba en la Junta de Obras del Puerto, que ahora se llama Autoridad Portuaria. Era un entusiasta de los barcos y eso le venía de cuna, pues su abuelo materno, José Peña Hernández, fue un destacado armador de buques del primer tercio del siglo XX –”Isora”, “Adeje”, “San Miguel” y “Delfín”–, consiguiendo así dar salida a la exportación frutera del sur de la isla. Y, sobre todo, fue un hombre estrechamente vinculado al mundo turístico, tanto por vocación como por formación, sector en el que ha dejado una huella importante, en la etapa en la que, en la década de los años ochenta, fue consejero del Cabildo Insular de Tenerife.

Implicado de una manera notable con el desarrollo del sur de la isla, al igual que su familia, presenció el despegue de Costa del Silencio, una zona residencial en la que la memoria de su padre, José Antonio Tavío, da vida a la vía principal de la urbanización. Y lo mismo hay que decir de su interés por la comarca de Arona-Adeje, donde hoy se encuentra el polo turístico principal de Tenerife –fue presidente del CIT del Sur entre 1980 y 1988 y también miembro de la patronal Ashotel–, pues por entonces Puerto de la Cruz ya había consolidado su trayectoria como primera ciudad turística de la isla.

Ricardo era un hombre dialogante, conciliador, bondadoso, agradable en el trato, de sonrisa franca y siempre muy asequible. Entrañable, en una palabra. Nunca rehuyó el saludo apresurado y mantuvo constantemente palabras de afecto y gratitud. Fue un gran valedor del deporte, tanto del baloncesto en el Real Club Náutico como del fútbol, el balonmano y la natación. Y también un entusiasta de la cultura y, especialmente por su afición a la lírica, contribuyó al impulso de la Asociación Tinerfeña de Amigos de la Ópera (ATAO) y nos obsequió con exitosos conciertos, el último de ellos en el Real Casino de Tenerife, en el que se vio muy arropado por sus incondicionales, admiradores y sus muchos amigos.

El 18 de junio de 2013 recibió de manos del entonces presidente del Cabildo Insular y compañero de andadura política, Ricardo Melchior, el título de Hijo Ilustre de Tenerife. Es de bien nacidos ser agradecidos. Fue un acto muy emotivo, en el que se volcó todo el reconocimiento y el agradecimiento institucional a una labor continuada medida en años, que han sido muchos a decir verdad, aunque se nos haya ido todavía joven. Al desgranar el rosario de los recuerdos, su dimensión humana nos invade y nos hace sentir felices, sí, de haberle conocido y tenido entre nuestros buenos amigos.

Descansa en paz y recibe un fuerte abrazo, querido Ricardo, allá donde quiera que estés.

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