Del Cronista Oficial

Donde La Palma pone proa al sur

La restauración del faro de Fuencaliente y la conversión del histórico inmueble en sede de la Reserva Marina y en el proyectado Museo del Mar del que no hemos vuelto a tener noticias desde 2010, proyecta sobre este edificio centenario un futuro prometedor, que habrá de sumarse a los indudables atractivos que posee el municipio donde La Palma, convertida en proa y tajamar, pone siempre rumbo al Sur.

El proyecto de restauración es obra de los arquitectos Ángel Caro Cano y Joaquín Mañoso Valderrama, con oficina técnica en Santa Cruz de La Palma. Se trata de dos profesionales de reconocido prestigio y buen quehacer, como así lo vienen demostrando en numerosos trabajos, como el que ahora nos ocupa. La iniciativa corresponde al Cabildo Insular de La Palma, el Ayuntamiento de Fuencaliente y la Dirección General de Puertos.

El Cabildo palmero, fiel a su política de rehabilitación y/o restauración del patrimonio arquitectónico insular, así como la necesidad de ubicar una instalación de carácter socio-cultural en una zona muy visitada, y atendiendo, además, las sucesivas demandas que en ese sentido le habían sido planteadas desde el Ayuntamiento de Fuencaliente, ordenó el desarrollo del proyecto en un terreno clasificado como suelo rústico de protección, según las normas subsidiarias e incluido dentro del “Sitio de Interés Científico de las Salinas de Fuencaliente”, como así figura en la Ley de Espacios Naturales.

Redactado en mayo de 1996, los arquitectos Ángel Caro y Joaquín Mañoso han aplicado criterios y metodología “basados en  conceptos de carácter general crítico-conservativos, que consisten en respetar el edificio en sí mismo, procurando mantener su esencia y aura histórica, adaptándolo a las necesidades actuales, de modo que sea una actuación con las mínimas transformaciones posibles o deseables o, simplemente, aconsejables desde un punto de vista estrictamente económico y de uso”.

La parcela en la que se encuentra tiene una cota topográfica de 16 m sobre el nivel del mar, con desarrollo de pendiente Norte-Sur, y ocupa unos 5.000 metros cuadrados, aproximadamente. El edificio principal tiene 337,83 m2 y el de servicios anexo, 74,29 m2.

Los trabajos dieron comienzo en 1996 mediante un convenio entre el Cabildo Insular y el Ayuntamiento de Fuencaliente, con la participación de una escuela-taller. A partir de 1999, mediante la posterior incorporación de la contrata Construcciones Insulares Palmeras, ha sido posible la restauración del edificio, en el que en octubre de 2003 se instaló la cúpula y en la actualidad está pendiente del remate final de los trabajos.

Antecedentes

La primera referencia que encontramos sobre el proyecto de construcción de un faro en la Punta de Fuencaliente aparece en los libros de actas del Ayuntamiento de la localidad, el 9 de mayo de 1880, fecha en la que el pleno, reunido en sesión ordinaria bajo la presidencia de Pedro Cabrera Hernández, “se enteró con la mayor atención” de una circular del gobernador civil del 26 de abril anterior en la que solicitaba información “sobre la propuesta de construir uno de segundo orden en la Punta de Fuencaliente”.

La corporación local, “reconociendo desde luego la utilidad que para la navegación reportaría dicha luz en dicha Punta, al lado de donde dicen Puerto Nuevo, punto de recalada para todos los buques que hacen la navegación de Sur a Norte, según se observa frecuentemente”, acordó por unanimidad que el alcalde “tome parecer con las ilustradas personas de esta isla conocedoras a fondo de dicho asunto y en vista del parecer de éstas, acordar lo conveniente a dicho informe”.

El asunto despertó una gran expectación y se abordó de nuevo en la sesión del 16 de mayo siguiente, en la que el pleno se dio por enterado “del criterio y razonamientos que sobre el asunto han emitido los vecinos más inteligentes de este pueblo y de la ciudad capital, todos conformes lo mismo que este Cuerpo”, por lo que remitió al gobernador una “razonada exposición” para la construcción del faro en el sitio indicado, “que es de urgente necesidad y que no puede ser menos que de 2º orden como el de Punta Cumplida” y, porque, además, “en las inmediaciones es relativamente abrigado y de buen fondo susceptible para las operaciones de carga y descarga y las necesarias para el servicio de dicho faro, siendo fácil la comunicación con este pueblo y otros de la isla y que la apariencia de la luz ha de ser de diferentes destellos que los demás colocados hasta el día en este Archipiélago, interesando un obsequio del bien público su mediación en favor de la realización de dicho proyecto”.

En 1887, el cronista palmero Juan B. Lorenzo dice que “a pesar de que el proyecto hace mucho tiempo también que fue estudiado por el Cuerpo de Ingenieros de esta provincia, aún no ha llegado a realizarse, y si vamos a juzgar por lo que ha pasado con otras obras públicas en esta isla, ha de pasar mucho tiempo sin que veamos realizada esta obra tan necesaria”.

El 8 de marzo de 1891, el Ayuntamiento de Fuencaliente, presidido por el alcalde Antonio Triana Cabrera, tuvo conocimiento de una carta del conde de Bernar, diputado a Cortes por este distrito, “dando gracias a los que le favorecieron con su voto y ofreciendo sus servicios en pro de los intereses de esta Isla”.

El pleno acordó que se le conteste dando gracias por sus ofrecimientos “e interesándole active el expediente incoado en 1880 por la Comisión de Faros, de la Dirección General de Obras Públicas, proponiendo la construcción de un faro de segundo orden en la punta sur de esta isla, cuya obra redundaría en provecho de la navegación en general y de los intereses de este pueblo en particular”.

Se aprueba el proyecto

La gestión del citado político dio resultado. El 14 de agosto de 1892, la corporación municipal se dio por “enterada con satisfacción” de la comunicación que el 25 de julio anterior había hecho el conde de Bernar, en que “merced á sus gestiones”, Obras Públicas había aprobado la construcción del faro, por lo que se acordó expresarle “el general agradecimiento” por tan importante logro.

Sin embargo, como sucede muchas veces, las cosas de palacio van despacio. Dos años después, el 16 de julio de 1894, la Sociedad Económica de Amigos del País “excita el celo” del ingeniero jefe de Obras Públicas “para que termine el estudio del faro de este pueblo”.

Las obras salieron a subasta el 16 de junio de 1897, con un presupuesto de contrata de 63.161 pesetas y un plazo de ejecución de dos años. El replanteo definitivo de los trabajos se efectuó el 14 de octubre del citado año.

El periódico palmero “El Grito del Pueblo”, en su edición del 18 de junio siguiente, reseña el acontecimiento en los siguientes términos:

“Palmeros: El país está de enhorabuena. Según telegrama recibido en la tarde de ayer en esta ciudad, ha sido rematada la obra del Faro de Fuencaliente (…) Felicitémonos porque, además del beneficio que reportará al país, en su obra encontrarán ocupación gran número de braceros; y felicitemos también a nuestro digno paisano el celoso diputado por esta isla Sr. Poggio y  Álvarez”.

En efecto, las gestiones del diputado Pedro Poggio habían sido decisivas para que la construcción del faro saliera adelante. El pleno, reunido el día 20, se mostró alborozado por la noticia y hace constar que la citada obra “dará ocupación á muchos pobres jornaleros hoy más faltos de recursos que nunca por la pérdida de cosechas á causa de la sequía”.

El 21 de noviembre de 1899 se aprobó el acta de recepción definitiva del edificio, siendo urgente proceder entonces al estudio del proyecto del aparato, linterna y accesorios para su emplazamiento.

En el Plan de Alumbrado Marítimo de las Islas Canarias, aprobado por Real Orden de 25 de mayo de 1900, aparece el faro de Fuencaliente catalogado de cuarto orden, y su apariencia de grupo de tres destellos y un alcance geométrico de 15,7 millas. Pese a dicha clasificación, los trabajos realizados correspondían a uno de tercer orden, por lo que se ordenó la instalación del aparato correspondiente. El proyecto fue redactado por el ingeniero José Arenas y García, el 31 octubre de 1900.

Características

Provisto de una linterna cilíndrica de 2,50 m y un aparato catadióptrico B.B.T. de un metro de diámetro que giraba sobre tejos, accionado por una máquina de relojería, entró en servicio el 3 de octubre de 1903 con la apariencia de grupos de tres destellos blancos. Se iluminaba con una lámpara de nivel constante, cuyos depósitos eran solidarios a la óptica y giraban sobre ella. La plantilla estaba compuesta por dos torreros.

De la misma época y tipología que los faros de San Cristóbal (La Gomera), Punta Rasca y Punta Abona, el edificio tiene forma rectangular con dos viviendas y el clásico patio en el centro. La diferencia más notable con los otros faros reseñados está en la torre, que constituye todo un modelo arquitectónico de sillería basáltica. Adosada a la fachada del mar tiene un primer cuerpo cilíndrico que se levanta hasta la azotea, rematado por dos adornos circulares que coinciden con la cornisa del edificio y con la parte superior del muro que circunda la azotea. Sobre él, un fuste ligeramente troncocónico termina en una cornisa escalonada que soporta un primer balconcillo de hormigón y un torreón cilíndrico de cristales curvos y montantes verticales.

A instancias de la Jefatura de Obras Públicas, el 9 de mayo de 1917 se redactó un proyecto de reparación, firmado por el ingeniero Antonio Pírez y Núñez. El citado ingeniero, que era el encargado de la inspección y conservación de los faros de la provincia de Canarias, denuncia la insuficiencia de los presupuestos, y recoge como obras fundamentales la reparación de la vivienda, el almacén y el aljibe; y la reparación del camino de servicio y recogida de aguas, que se encontraban en un estado deplorable de conservación, ya que no se había hecho obra alguna desde que entró en funcionamiento. Las obras que se proponían tenían un presupuesto de contrata de 8.453,19 pesetas.

La segunda reforma se produjo como consecuencia de los movimientos sísmicos ocurridos los días 7 y 10 de marzo de 1939, quedando inutilizada la instalación luminosa, siendo preciso demoler el torreón y construir uno nuevo de hormigón armado, así como reforzar las hiladas superiores de la torre. De modo provisional se colocó en el balconcillo exterior una instalación de acetileno Dalen, cambiador automático de capillos y válvula solar, que pasó a ser definitiva cuando terminaron los trabajos. La óptica era también de la firma AGA y estaba formada por un anillo dióptrico con una zona catadióptrica inferior.      

A partir del 4 de octubre del citado año, la característica provisional consistió en destellos aislados cada 6″ y a partir del 1 de enero de 1940 llegó la definitiva en grupos de tres destellos con 15 millas de alcance de tipo medio.

Reducida la plantilla a un técnico al que se le fijó la residencia en Fuencaliente, el edificio abandonado aceleró su ruina como consecuencia de los movimientos sísmicos del volcán de Teneguía, en 1971. La erupción amenazó desde el primer momento la existencia del faro. Uno de los brazos de lava se detuvo cuando todo parecía perdido. En acción de gracias, Francisco González Pérez –más conocido por ‘Pancho Casimiro’– y su hija Zoila, vecinos de Fuencaliente, levantaron una pequeña capilla sobre un pedestal en la que se guarda una imagen de la Virgen de Candelaria.

Su desastroso y lamentable estado motivó la decisión, en junio de 1983, de proyectar la construcción de una nueva torre normalizada de 24,15 metros de altura. Con un presupuesto de 25.984.542 pesetas, posee una linterna de 1,75 metros y una instalación luminosa de paneles fotovoltaicos, con lámparas de 250 watios, cambiador, grupos de tres destellos cada 18″ y demás aparatos y baterías, todo lo cual tuvo un coste de 3.451.000 pesetas.

Bibliografía:

Díaz Lorenzo, Juan Carlos. Fuencaliente. Historia y tradición. Ayuntamiento de Fuencaliente de La Palma y Cabildo Insular de La Palma. Madrid, 1994.

Rodríguez, Juan B. Noticias para la historia de La Palma. Tomo I. La Laguna, Tenerife, 1975.

Sánchez Terry, Miguel Ángel. Faros españoles del océano. Ministerio de Obras Públicas. Madrid, 1987.

Foto: Facundo Cabrera

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