La Palma, una Isla del Atlántico

Donde la Caldera de Taburiente se hace ciencia

La Caldera de Taburiente tiene fama internacional. Desde hace más de ciento cincuenta años, caldera es el término empleado en toda la comunidad científica para definir determinadas estructuras volcánicas y ha sido tomado, precisamente, de este enclave, desde el momento en que empezaron a utilizarlo geólogos y naturalistas que visitaron La Palma a partir de mediados del siglo XIX.

La Caldera de Taburiente muestra una parte importante de la historia geológica de La Palma, lo que la ha convertido en un lugar excepcional para la realización de numerosos estudios. Por esta razón siempre ha despertado un gran interés entre la comunidad científica internacional y, especialmente, entre los geólogos, de ahí que sea la parte de la Isla mejor estudiada en ese sentido. Entre ellos, el primero de gran prestigio que la visitó fue al alemán Leopold von Buch (1774-1853), uno de los defensores más influyentes de la teoría neptunista en geología y que hizo sus estudios basándose en la teoría de los cráteres de levantamiento.

Según el criterio que imperaba entonces, la Caldera se había formado debido al fuerte empuje que el magma profundo ejercía sobre unas coladas, provocando su levantamiento y fractura. Al desaparecer este empuje, la zona central se habría desplomado dejando un enorme espacio libre.

Posteriormente, y bastante avanzado el siglo XX, otros autores plantearon una teoría basada en grandes períodos de actividad magmática intercalados con períodos de erosión del agua y desprendimientos. En la última década de la pasada centuria, las nuevas teorías explican la formación de la Caldera debido a grandes deslizamientos por efecto de la gravedad y el efecto erosivo de las aguas, lo que explicaría los desplomes que han ocurrido en los últimos años, alguno de ellos de considerable magnitud.

El interior de la Caldera presenta unas formaciones geológicas de gran interés, donde se localizan las lavas más antiguas de la isla, componentes del denominado Complejo Basal, como son lavas almohadilladas, magmáticas plutónicas, diques basálticos y aglomerados, hasta las series más modernas de las paredes más verticales, compuestas por coladas, conos volcánicos, diques de basalto recuerdo de las antiguas chimeneas y restos de erupciones explosivas por acumulación de piroclastos de llamativos colores, sobre los que se apoyan algunos llamativos roques.

La Caldera de Taburiente es una inmensa depresión, que figura entre las más grandes del mundo de su tipo, rodeada por un circo de cumbres de unos ocho kilómetros de diámetro, en el que se encuentran las mayores altitudes de la Isla, como son el Roque de los Muchachos (2.426 m), Pico de la Cruz (2.351 m), Piedra Llana (2.321 m), Pico de la Nieve (2.236 m) y Punta de los Roques (2.085 m), entre otros.

Desde estas alturas, el relieve se desploma hacia el interior de la Caldera en escarpes casi verticales no inferiores a 800 metros, hasta alcanzar la cota de 430 metros sobre el nivel del mar en su parte más baja, lo que supone presenciar unos desniveles de aproximadamente unos 2.000 metros.

Por el suroeste, la Caldera de abre hacia el mar a través del barranco de las Angustias, que es el desagüe natural de los numerosos arroyos que existen en su interior. Al sur se encuentra el collado de La Cumbrecita (1.310 m), cabecera del Valle del Riachuelo, que también forma parte del recinto, así como la ladera sur del Bejenado.

El interior de la Caldera se encuentra surcado por un gran número de barrancos de impresionante belleza y sugerentes nombres, como es el caso de Cantos de Turugumay, Verduras de Alfonso, Altaguna, Faya, Rivanceras, Huanauao…, que confluyen en los dos principales, Taburiente y Almendro Amargo, cuya unión en Dos Aguas es el comienzo del barranco de las Angustias. El espacio está compartido por numerosas crestas y roques, testigos presenciales de la erosión milenaria, entre las que destaca el monolito de Idafe, considerado uno de los referentes tradicionales de la cultura aborigen.

Además, en el interior de la Caldera abundan las fuentes, los manantiales y las cascadas de gran belleza, entre las que destaca la Desfondada, de unos 150 m de altura, y otra denominada Hoyo de los Juncos, de menor tamaño, aunque con un mayor caudal. Las aguas del barranco de Rivanceras, que nace en la zona del Complejo Basal, presentan un intenso color amarillento-pardo debido a la presencia de componentes ferruginosos, formando interesantes contrastes en la Cascada de los Colores, que es otro de los puntos de referencia más atractivos del enclave.

Foto: Alberto Pérez Fernández

Bibliografía:

Díaz Lorenzo, Juan Carlos (2008). Los volcanes de La Palma, una aproximación histórica. Santa Cruz de Tenerife

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